Si tomamos conciencia de los
resultados que provoca el cautiverio en los mamíferos marinos, sólo quien
disfrute observando el sufrimiento de un ser viviente, o quien quiera enseñarle
a sus hijos hábitos perversos y sádicos, puede visitar un Oceanario.
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Quizá parezca exagerado, pero, en su libro titulado “Orcas, entre el mito
y la realidad”, el ex-guardafauna de Península Valdez y pionero en el estudio
del comportamiento de orcas en estado silvestre, Juan Carlos López, realiza
interesantes conceptos en relación al cautiverio de los mamíferos marinos que no
hacen mas que afirmar el concepto vertido en el primer párrafo: “Imagino ahora a
una orca de cinco metros dentro de una pileta que, en el mejor de los casos,
tiene treinta y cinco metros de largo por veinticinco de ancho. ¿Qué hace con su
velocidad de desplazamiento que puede alcanzar los cincuenta kilómetros por
hora?¿Cuántas vueltas debe dar en la pileta para completar un recorrido parecido
al de aproximadamente cien kilómetros diarios que emplea en libertad?¿Y con su
capacidad de inmersión, que en su medio natural la lleva hasta trescientos
metros en busca de su alimento?¿Y con su sofisticado sistema de sonar y
comunicación, que en un espacio tan reducido sólo logra que el rebote de ondas
la aturda con una simple respuesta: pared, pared, pared?¿Cómo evita el zumbido
constante de las bombas de filtrado de agua durante veinticuatro horas
diarias?¿Dónde encuentra la intimidad entre ventanales inmensos? Limitado en sus
desplazamientos e inmersiones, con un régimen de comida monótono, aturdido por
una infinidad de sonidos ajenos a su medio (gritos, música, voces en parlantes,
silbatos con órdenes, zumbidos constantes de motores para filtrar el agua),
sometido a iluminación artificial, atormentado por sondas y extracciones de
sangre, aburrido de nadar en círculo entre cuatro paredes, el mayor de los
delfines paga con su cuerpo el contacto con humanos: sus aletas dorsales caen,
flácidas, hacia un costado.” También en la sentencia de la Cámara Federal de la
Ciudad de Mar del Plata que confirmó la anulación de los permisos de caza de 4
Orcas y 12 delfines otorgados por el Ministerio de la Producción Bonaerense a la
Empresa Mar del Plata Aquarium en el año 1996, en los autos caratulados
"FUNDACIÓN FAUNA ARGENTINA C/ Ministerio de la Producción de la Prov. de Bs. As.
S/ Amparo", se desprenden consideraciones que apuntalan lo manifestado: “... se
ha comprobado que la vida en cautiverio provoca en la especie, daños cerebrales,
úlceras, stress, síntomas de degeneración como por ejemplo peso cerebral
reducido, comportamiento vocal disminución o nulo, pérdida del apetito,
desocialización, etc., sin contar con otras serias consecuencias como la
privación de adquirir el conocimiento acerca de cómo cuidar sus crías y las
distorsiones sonoras provocadas por la falta de sonidos naturales de su propio
ambiente. Todo ello me lleva a concluir sin hesitación alguna que, además de las
nefastas consecuencias que su captura puede ocasionar en la conformación de los
grupos naturales escasos que existen en las aguas de nuestro país se produciría
de aceptar los alcances de la resolución una violación normativa a la
disposición legal prevista por el Art. 1º y concordantes de la ley 14.346 de
Protección a los animales contra actos de crueldad a los mismos.”
"Crónicas de mi viaje por la Estancia el Condor"
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