Mi cabalgata comenzó casi sin saberlo, y fue tan fugaz todo, que cuando me quise acordar me encontraba dentro de un avión y rumbo al Calafate.
Solo tres noches antes de ese día, le había escrito a un amigo, Rafael Smart, preguntándole si realizaban alguna cabalgata por sus campos, (de Cielos Patagónicos S.A), si había un lugar para mi, seria maravilloso, ya que había visto unas imágenes de una cabalgata en otra de las Estancias de Cielos, pero con nieve y quede con muchas ganas de cabalgar por esos parajes. En ese mail le conté a Rafa, mi tristeza por el trágico accidente que había tenido Alberto Patrian, un gran fotógrafo y alguien que había recibido con mucho amor mi libro, y yo le tome mucho aprecio.
Rafa, al leer el mail y ver mi estado emocional y las ganas que tenia de cabalgar, llamo a Jorge Cazenave, un amigo que tenemos en común, y le dijo, sácale los pasajes al Rober, que se viene con nosotros a la cabalgata.
Al encontrarme sentado en ese avión, volví a revivir mis sueños de cabalgar por la Patagonia, tal como lo había hecho hace dos años., por otra estancia de Cielos (Menelik), pero eso ya es otra historia, y prometo relatarla también mas adelante.
Dado que mis pasajes se consiguieron a ultimo momento, no coincidían con la fecha del grupo que estaba convocado (ellos llegarían a la estancia dos días después) pero coincidían con los vuelos del mismo Rafa, y Tomas, hermano de una gran fotógrafa, Celine. Ya en Calafate nos encontramos con Rafa y Tomy, luego de saludarnos y reírnos ya un poco de esta aventura que vendría, compramos algunas provisiones para la estancia, y emprendimos el viaje a la misma…
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Estancia El Condor
Viaje al puesto La Nana
Puesto La Nana
Camino al Martínez de Rosas y almuerzo allí
Camino al Altamirano y noche allí
Atravesando Mallines
Camino al Torito Minero
Torito Minero
Regresando a la estancia
La estancia El Cóndor, esta ubicada en un lugar privilegiado en la Provincia de Santa Cruz, y con el majestuoso lago San Martín, a pocos metros del casco de la misma, sin dudas un lugar maravilloso y que nunca olvidare.
Pasamos la primera noche en las piezas de los gauchos, pero antes de ir a acostarnos, nos dieron la bienvenida con unos mates, ya la aventura y el placer de estar en la Patagonia comenzaba a latir mas y mas fuerte en mi corazón.
La primer mañana en la estancia, los gauchos se dedicaron a seleccionar los caballos para una travesía que se estaba por llevar a cabo, de un grupo de amigos que haría el cruce al Chalten, mitad a caballo y mitad caminando, Rafa me propuso acompañar a este grupo hasta su primera parada en el puesto la Nana, y luego de pasar la noche, regresar para encontrarnos con nuestro grupo, obviamente dije que si. Ensillamos nuestros caballos, y aquí viene la primera anécdota, mi amigo Jorge, me pidió por teléfono que le cuidara el zaino petiso, un caballo que el siempre utiliza al ir a esta estancia (por sus cualidades para sacar fotos, ya que es muy dócil), y como los gauchos ya lo habían preparado, me lo lleve yo con la premisa de devolverlo al día siguiente para que Jorge lo montara. Nunca pude devolverle el caballo a Jorge, ya que seguimos rutas diferentes y literalmente le robe su caballo, pero el me perdono.
Al llegar a la Nana, nuestra primera parada, Rafa me contó la posibilidad de acompañar a estos muchachos un día más y así encontrarnos con nuestro grupo a nuestro regreso en la Nana, y sin dudarlo dije si, el único inconveniente que teníamos era no tener equipamiento para la noche que debíamos afrontar en el puesto Altamirano, ya que es literalmente una tapera, y solo contábamos con una carpa de verano Colleman y cuatro frazadas, eso sin contar que tampoco teníamos calzado apropiado y para sumar aun mas, solo contábamos con la única muda de ropa puesta.
A la mañana siguiente partimos rumbo a lo que seria nuestra ultimo trayecto junto a los chicos que estaban realizando el cruce, almorzamos en el puesto Martínez de Rosas, un lugar bellísimo. Para llegar allí hay que descender casi de forma vertical, desmontando los caballos y procurando no patinar, ya que el terreno es muy empinado.
De allí salimos rumbo al puesto Altamirano, y ya podríamos decir que comenzamos a sentir el rigor de no llevar indumentaria adecuada, cuando faltaba poco para llegar y luego de vadear algunos ríos, comenzó una leve llovizna helada y un fuerte viento nos recordó que estábamos en la Patagonia y cabalgando por las montañas.
De mas esta decir que empezamos a pensar en como pasaríamos esa noche y como evitaríamos quedar congelados por la madrugada… El primer paso fue armar la carpa de “verano”, y meterla dentro del puesto, donde llovía más que afuera, pero nos frenaba el viento helado. Todo esto lo hicimos con Rafa, soportando las grandes risas de los muchachos que no podan creer que dos personas se aventurasen a semejante lugar sin ningún tipo de indumentaria o equipamiento, y solo con una buen dosis de aptitud. Para esta altura ya éramos un grupo unido y era como si nos conociésemos de años, largas charlas y mates pasaron por los diferentes puestos.
Esa noche Rafa me contó la idea que había tenido y esta era la siguiente, acompañarlos otro día mas hasta el Totito Minero (un puesto de mucha mas altura y con altas probabilidades de encontrarnos con nieve, algo que si bien seria hermoso, no estábamos preparados) y volver desde allí con los caballos pilcheros al día posterior, sin dudarlo le dije Rafa seguimos, y así fue. Al día siguiente y luego de pasar una muy larga noche de frío, emprendimos nuestra última etapa de apoyo.
Llegar al Torito Minero, fue algo que nunca olvidare, ya que aparte del frío, se levanto un viento imposible de describir en estas líneas, y para complicarlo mas, teníamos que atravesar algunos mallines(en uno de ellos quede atrapado y luego de llamar a Rafa para que me rescate, fue muy cómico ver parado a mi caballo tras de mi y yo encajado hasta las rodillas) antes de llegar al Torito Minero, y como frutilla del postre, comenzó a nevar!.
Ya en el refugio todos empezaron a armar sus carpas de montaña y nosotros con Rafa, volvimos a preparar nuestra carpa de verano y decidimos ponerla dentro del Torito Minero, algo que sin dudas, detendría un poco el viento helado, pero tendiendo en cuenta la nevada que estaba cayendo, era seguro que esa noche pasaríamos mucho frió, y así fue, a las tres de la mañana nos despertamos del frió que teníamos, pero algo importante en esta aventura no perdimos, y eso fue la aptitud y el humor, creo que eso nos mantuvo en temperatura.
Al despertarnos, encontramos todo cubierto de nieve, y luego de prender un fuego para calentarnos, los muchachos empezaron a discutir con el guía de su expedición, si debían continuar el cruce, pues la nieve podía complicarles aun más en cruce. Pero al fin decidieron hacerlo y en el medio de una nevada muy copiosa, partieron hacia su meta, que era el Chalten.
En el refugio nos quedamos Rafa y Guille (con quien hicimos una linda amistad), que trabaja en la estancia y venia apoyando la expedición llevando un pilchero, y acompañada a Nico, administrador de la estancia, y yo, que había partido de Buenos Aires, para realizar una corta travesía, y me encontraba en medio de la montaña, con nieve hasta las rodillas, mojado y sin saber cuando podríamos regresar, ya que la tormenta debía parar para poder llegar nuevamente al Cóndor.
Dos días pasamos allí sin poder hacer más que calentarnos a toda hora y contar historias de nuestras vidas y reírnos de todo lo que nos estaba pasando, pero además yo aproveche esos días para admirar la nevada y esta maravillosos tormenta, que si bien nos estaba frenando, su majestuosidad era tal, que no podía dejar de fotografiarla (pero con mi cámara compacta, ya que me reflex se quedo sin baterías al llegar al ultimo refugio).
El tiempo mejoro y pudimos comenzar a regresar, pero con una agravante, para no perder los vuelos debíamos realizar todo lo que habíamos hecho en tres días, solo en uno, así que con prisa, comenzamos a cabalgar. El regreso tuvo sus comienzos, complicados al atravesar los mallines nuevamente, pues el caballo de Rafa (el zaino loco), quedo atrapado en uno, y tuvimos que trabajar arduamente para salvarlo y luego de mucho trabajo lo logramos.
El viaje de regreso fue rápido y casi sin paradas, salvo para dejar descansar a los caballos y darles de beber. Creo que la culminación de esta aventura, fue cuando cayó la noche en plena cabalgata. Descender por senderos de montaña y sentir las ramas
golpear nuestras caras y solo dejar el mando a los caballos y su instinto, para regresar sanos y salvos, al principio fue raro, pero al poco tiempo me di cuenta que estos animales son muy inteligentes y le confié a mi zaino (que a esta altura era imposible devolvérselo a Jorge, quien encontró otro caballo El Mongolo, que según es mejor que el zaino petiso) esta parte del trayecto tan importante, la vuelta a casa.
Llegamos a la estancia casi a las once de la noche, y nuestro grupo no podía creer la hora de nuestra llagada y las risas y caras de desconcierto llenaron la estancia.
Para finalizar y redondear esta travesía, los muchachos llegaron todos bien al Chalten, nosotros también llegamos sanos y salvos, y si bien no pudimos estar con el grupo original, ellos tuvieron un guía de lujo, Jorgito, que se cargo el grupo a cuestas y la pasaron bárbaro. Yo por mi parte llene mi vida de experiencias nuevas y aventuras, y si bien debo confesar que en algunos momentos de estos días sentí miedo, frío y gran incertidumbre, si me preguntasen cuelas fueron los mejores días de aventura hasta el momento en mi vida, sin dudarlo contestaría, en el Torito Minero amigos!
"Crónicas de mi viaje por la Estancia el Condor"
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